Contra la realidad
Monday, January 23, 2012
No sé si el cese tajantemente abrupto de la escritura o en este caso la publicación de contenidos tiene más que ver con el shock expansivo de la enésima traslación extralingüística o si más bien se debe al también enésimo enamoramiento fugaz y alegremente obsesivo.
No puedo resumir el tiempo, pero sí aliterar el presente: quince libros abiertos alrededor y otras tantas historias apenas paladeadas; métodos de cinco idiomas indoeuropeos sobre las estanterías de metal plastificado; una planta moribunda a la que nunca nadie quiso; un deseo inalterado que dormita.
Viena, como la vida, no es mucho peor de lo que imaginaba. Los días se atropellan injustamente y es complicado saber a qué uno pertenece. Existe un Danubio que todavía no he atisbado, y todo es antiguo y recío, majestuoso pero sombrío.
Contra la realidad y contra mí mismo; siempre he intentado guiarme por valores que hoy tengo la sensación no sirven de nada; aplatano el tiempo con melodías despampanantes y antiguallas facilonas que me entretienen la bilirrubina y echo de menos cualquier tiempo pasado que fuera mejor.
En otro orden de cosas, recorrer el desierto y el barranco de nuevo supone despertar del aletargo burgués de rico aspiracional; es decir, ponerse el mundo por montera y los sueños por perspectiva, darse un latigazo a fuego lento y seguir luchando la brecha de ese imposible tan ligero y tentador.
No puedo resumir el tiempo, pero sí aliterar el presente: quince libros abiertos alrededor y otras tantas historias apenas paladeadas; métodos de cinco idiomas indoeuropeos sobre las estanterías de metal plastificado; una planta moribunda a la que nunca nadie quiso; un deseo inalterado que dormita.
Viena, como la vida, no es mucho peor de lo que imaginaba. Los días se atropellan injustamente y es complicado saber a qué uno pertenece. Existe un Danubio que todavía no he atisbado, y todo es antiguo y recío, majestuoso pero sombrío.
Contra la realidad y contra mí mismo; siempre he intentado guiarme por valores que hoy tengo la sensación no sirven de nada; aplatano el tiempo con melodías despampanantes y antiguallas facilonas que me entretienen la bilirrubina y echo de menos cualquier tiempo pasado que fuera mejor.
En otro orden de cosas, recorrer el desierto y el barranco de nuevo supone despertar del aletargo burgués de rico aspiracional; es decir, ponerse el mundo por montera y los sueños por perspectiva, darse un latigazo a fuego lento y seguir luchando la brecha de ese imposible tan ligero y tentador.
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