Historia abrupta del sadismo, personal y transferible
Monday, May 09, 2011
En el regazo de cada regreso permanece inaudible la ceguera masónica de lo anterior y lo eterno. Ha vuelto a ocurrir: traspasar el límite de la geografía de mi vida ha resultado ser tan placentero como revelador. He descubierto que la metafísica de la amistad sí es transferible durante una interacción de puritita clase obrera.
El sadismo del título también viene a colación de lo vivido y lo leído. Justo hoy comienzo con ‘Historia de O’, un libro que no sé si estoy releyendo y por eso también no sé si me recuerda a él mismo o a una mezcla entre ‘Justine’ y ‘El amante’. Reflexiono con el libro sobre el placer que el dolor infringe así como por la melancolía inflexible del amo para con su esclavo personal.
Hoy más que nunca me supongo críptico, porque es cierto que cuanto más poderoso el sentimiento, menos ininteligible se ejecuta la articulación del mismo. Ignoro el motivo de esta incontrolable metáfora de balbuceo; sólo sé que me persigue allá dónde voy –allá donde escribo–, y que su influencia es elevada porque es interna.
Puede sonar mal según a quién, pero la triple pirueta llega cuando confieso, afirmo o simplemente subrayo que la permanente debilidad de mi historia interna también me produce una cierta complacencia. Explicar esto, ese es el reto del párrafo: uno (yo) se sabe limitado por sí (yo). Bien, pues es justo cuando el látigo silba cuando la tormenta sexual interna destroza cualquier resto de razón.

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